martes, 1 de diciembre de 2009

Diferente

Las ascuas le atraían de una manera sin igual. Era algo que le empujaba a cometer acciones que, simplemente, escapan a la metodología implantada por los sabios maestros que le habían guiado durante su juventud. Llegó el momento de empezar a descubrir el movimiento circular de los manjares más exquisitos, esos de los que los impacientes y los ineptos reniegan, puesto que jamás llegarán a ser partícipes de un sentimiento igual.

Dejó de mirar hacía el camino, descubriendo cual era senda, con paso firme, pero no del agrado de los arquitectos. Esa era la virtud que escondía.

No hay comentarios: