lunes, 30 de noviembre de 2009

Mar

Parece que cada mar tiene un faro a sus espaldas. Un faro que lo ilumina durante la noche, dejándolo huérfano por el día, como si todo lo que tuvieran que tratar trascurriría a la luz de la luna, con el calor de un calmado oleaje o a la virulencia de la tempestad marina.

Pero por mucho que por el día lo abandone, la mar continúa su camino, sin apenas echar un ojo atrás intentando adivinar lo dejado tras sus pasos. Así es ella, cruel mientras te envuelve en sus aguas más profundas, repletas de seres, seres moviéndose de un lado a otro sin importarles lo más mínimo aquello fuera de la humedad de sus días.

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