-Da paso al Guardián, no le mires a los ojos, no le toques, no le saludes, no le mientas, no le pises; y sobre todo, dale paso.
-No pensaba hacer otra cosa, no comprendo lo que te inquieta para hacer que yo sea protagonista de tan vulgar orden.
-Razón llevas. Ahí llega.
Pasó el Guardián por la puerta, saludo al soldado y nada más elevar su pierna para alzarse al primer escalón, cayose armando un brutal esperpento.
-Me debes 10 monedas.
-Sí, te las debo.
Los dos rieron.
martes, 20 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario