lunes, 12 de octubre de 2009

Sobre el saber pensar

Antes de adentrarse en el pueblo para toparse con el rebaño, se detuvo un instante y cogió aire, llenando los pulmones de ese bien, casi siempre, puro. Caminó durante unos minutos hasta llegar a un manantial de donde el agua brotaba de unas rojizas rocas.

-No debéis de de temer a la corriente ni al fluido, más solo cuando estos escriben poesía se crea la vida- se agachó y tomo un primer sorbo-. Del movimiento nacen las ideas del hombre, nada más que en el movimiento se cosechan las virtudes únicas.

Alzando la cabeza se dirigió al gran techo, dedicándole una sonrisa.

-¡Siempre mi meta tú serás! ¡No quiero huéspedes provenientes del invierno ni anfitriones del verano! -Una solitaria lágrima recorría su mejilla.

Es el sentir de los polos y la sensación de nadar en un estanque la que al ser le hace suspirar. Los anfibios se sienten cómodos, las aves lo aborrecen. Es la altura la que nos da esa perspectiva necesaria para desenmascarar a lo perecedero, acercándonos a la luz.

-La hora ha llegado.- Bebió un segundo sorbo, se levanto y comenzó a caminar.


Tratados del Ser.

Iñaki Burguera

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