lunes, 19 de octubre de 2009

Sobre el reflejo del mundo

Mientras camina a la par del manantial, observando toda la vida que le rodea, no cesa de sentir. Volvió la mirada sobre la roca que acababa de dejar atrás. Un suspiro. Un segundo suspiro.

-¡Esta es la prueba definitiva que andaba buscando! Siempre encontramos en nuestra madre lo que en otros lugares nos resulta incomprensible, inencontrable e inhóspito.

Los chillidos procedentes del pueblo seguían acercándose sin pausa.

-Una inmensa piedra, por lo menos llevará aquí siete siglos. No se moverá si nadie la empuja, no se romperá si nadie la golpea, y mucho menos cambiara si nadie la molesta. Sobre ella ha crecido la vida: florecillas, musgo, hierba, pequeños insectos, guaridas de roedores,… Una infinitud de alegrías habitan en ella.

Una hora estuvo contemplándola; no cambio nada. Podría estar delante de ella años, y, salvo superficiales alteraciones, la roca se mantendría sana. Esa era la prueba.

-¡Es la tristeza de no poder pasear por camino de Heráclito la que me sacude el alma! Luchamos contra nosotros mismos, la madre es sabia, la madre nos da lecciones día a día, ¡más no sabemos verla!

El hombre no debe de entrometer su juicio en medio de sus pasos. Debe de caminar erguido con la cabeza bien alta. Al agacharla es cuando caemos en tentación de defenestrar nuestro futuro. Los pueblos han de seguir la meta marcada por Ella,¡por el jamás imponed una voluntad a la marcha!

-¡Alumbremos el camino de una vez por todas! Es la vida de este pequeño submundo el reflejo de nuestro deber, esa obligación en la que hemos convertido a la razón.

-¡Daré de beber al pueblo al igual que esta roca ga saciado mi sed!

Tratados del Ser

Iñaki Burguera

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